
Después de que la Justicia de Brasil permitiera que Agostina Páez no vaya presa y pueda volver a Argentina, la abogada acusada de realizar gestos racistas en Río de Janeiro aseguró que volvería al país vecino y apuntó contra los “moralistas”: “Me querían matar, querían lo peor para mí por un pésimo error”, declaró.
El martes, el Tribunal Penal N°37 aceptó la solución propuesta por la defensa de reducir la pena a 2 años en suspenso más la condición de realizar trabajos comunitarios y pague una caución, en lugar del pedido de la fiscalía, que había solicitado una condena de 15 años de prisión en Brasil. En una audiencia clave, el juez resolvió además que la abogada pueda volver a Argentina para continuar el proceso.
Sin embargo, el fallo no está firme y resta que el juez decida el monto de indemnización - el cual podría ascender a 50 mil dólares para cada denunciante -así como también los pasos a seguir para a Agostina le quiten la tobillera electrónica y pueda regresar a Argentina.
Tras la audiencia clave del martes y a la espera de la decisión judicial final, Agostina aseguró que se siente “más aliviada” y sostuvo que, pese a todo lo sucedido “volvería a Brasil”.
“Estoy mucho más tranquila. Después de la audiencia llegué muy cansada mentalmente, me dolía el cuerpo, contesté algunos mensajes, comí algo y me acosté a dormir. Estoy bien, más aliviada”, expresó hoy la abogada de 25 años en una conferencia de prensa brindada desde el auditorio del Consulado argentino en Río de Janeiro.
Agostina Páez se mantiene firme en su versión: fueron a un bar, les quisieron cobrar demás, las insultaron, les hicieron gestos obscenos y ella reaccionó “como mujer”: “Grabaron el video y se viralizó. Nunca pensé que se iba a hacer tan público, porque llegó a otros países del mundo. Me pasó a mí, pero le podría haber pasado a cualquier otra persona”, dijo.
En ese sentido, expresó: “Cualquier persona en algún momento de su vida ha cometido un error, se ha equivocado, como lo hice yo. He pedido perdón, mostré mi arrepentimiento, me interioricé en el tema, no soy discriminadora, no soy racista ni tuve intención de ofender. Reaccioné mal a gestos obscenos como mujer. Me salió de la peor forma, me equivoqué y pedí perdón millones de veces. Estoy arrepentida porque entiendo el dolor que le puede causar a aquellas personas afrodescendientes”.
Respecto a la reacción del público, destacó que “la mayoría me dio fuerzas y mensajes de apoyo”, pero señaló: “Había muchos moralistas que me querían matar, querían lo peor para mí, me deseaban violación, muerte, por un error, por una pésima equivocación”. “Todo esto fue una pesadilla y un aprendizaje. Me voy a sentir realmente tranquila una vez que esté en Santiago del Estero con mi familia”, agregó.
Desde su detención el pasado 16 de enero, la abogada argentina padeció un calvario en Río de Janeiro, donde recibió amenazas, instalaron su imagen como enemiga pública y apenas podía salir a la calle. Cuando podía, lo hacía tapada, camuflaba, hablando en portugués para que no sospechen que se trataba de ella.



